Wednesday, 13 February 2019

Reflexiones sobre mi identidad digital

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Estos días estoy completando el NOOC de AprendeINTEF denominado "Privacidad en la red".

Yo que estoy insistiendo siempre en todas mis clases, ya sean presenciales o en línea, en que nunca deberíamos hacer nada en nuestra vida digital que no hagamos en nuestra vida real, y estoy invitando a mi alumnado a construir una identidad digital sólida y coherente para poder tener una buena reputación digital, he pensado en llevar a cabo una indagación breve, pero que me invite a extraer conclusiones sobre mi propia identidad digital, para ver si realmente cumplo con aquello que predico.

La indagación, tal y como se propone en #PrivacidadDig, la he llevado a cabo siguiendo estos pasos:

Paso 1: Investiga tu identidad digital
He introducido mi nombre en Google y estos son los 5 primeros resultados que aparecen:


Me ha resultado sorprendente que el cuarto resultado en el que aparece mi nombre sea "Internet en el Aula", un proyectazo educativo, pionero de tantas otras iniciativas en red que hay hoy en día, como por ejemplo los propios NOOC, y que aunaba personas en comunidades profesionales de aprendizaje hace casi una década, en el que colaboré y que co-administré, junto con un equipo de estupendos profesionales, hasta su finalización en 2013. Una prueba más de que no hay olvido en la red, y de que esta, como siempre digo en clase, siempre deja huella de todo.

Así que he refinado la búsqueda para acotarla al último año, y por supuesto los resultados han cambiado. A lo largo del último año, mi identidad digital se asocia mucho más a la Competencia Digital Docente, por razones profesionales obvias, aunque todos los resultados, independientemente de la fecha, van en esa dirección: mi profesión y mi desarrollo profesional.


Las imágenes que aparecen sobre mí misma, si filtramos la búsqueda así, también son ilustrativas de la evolución de mi identidad digital, de mi reputación digital, y continúan asociadas a mi desarrollo profesional, y ligadas a proyectos colaborativos en los que he participado, que me siguen trayendo muy buenos recuerdos de muchas personas con las que la colaboración ha sido tan sencilla que se ha convertido en amistad.


También muestran, al acotar la búsqueda a imágenes del último año, cómo he ido envejeciendo, pero eso ya cada vez me importa menos, sinceramente.


Paso 2: Objetivos
Mi identidad digital es laboral, fundamentalmente es fruto de que lo que comparto en la red está estrechamente ligado a mi profesión, proyectos, puestos de trabajo. Creo que la única imagen que uno puede dar en la red es la real, e insisto en el principio de ser la misma persona en la vida digital que en la vida real. Si no vamos con careta por la calle, ¿por qué habríamos de ir con careta por la red?

Paso 3: Distanciamiento
Este paso ha sido quizá el más difícil de llevar a cabo en esta labor de indagación, porque es complicado distanciarse de uno mismo, ya que uno, aunque sólo sea por edad, se acaba conociendo bien, pero teniendo en cuenta los datos que me ha proporcionado Google, los que han sido aportados por terceras personas, y los imaginarios que he inferido, la imagen que haría de mi misma es: "siempre en constante evolución, casi siempre contenta, y convencida que el trabajo realizado ha sido un trabajo digno al igual que lo será el que está por venir, por principios, y porque cree en lo que hace y en que es posible hacerlo gracias a otras personas".

Paso 4: Privacidad
Soy consciente de que soy visible y de que lo que comparto también lo es. No estoy en la red por ambición ni gloria personal, sino que comparto simplemente con el ánimo de devolverle a la red lo que la red me ha dado, y me sigue dando, sin más, que ha sido, y es mucho.
No tengo nada que esconder, por lo que no habría nada que borrar.

Conclusiones
Ha sido muy divertido hacer esta reflexión, pero también nostálgico. Me ha retrotraído a tiempos en los que las redes sociales, como Twitter, estaban formadas por un gran claustro tuitero que compartía generosa y altruistamente, que se emocionaba y aprendía de los demás.
Me da un poco de pena ver que aquel espíritu se ha perdido un poco en el camino y que hay más gloria personal que proyectos colaborativos en los que equipos de personas nos reuníamos en torno a Twitter para charlar, intercambiar ideas, e implicar a nuestro alumnado en colaboración, comunicación y productos digitales de calidad, y que ya mejoraban sus competencias antes de que ninguna administración educativa hablase de competencias clave, pero bueno, de todo se aprende, no sé; quizá este "descalabro" tuitero que creo no está sólo en mi cabeza sí sea algo a borrar para volver al espíritu de colaboración auténtico que antes subyacía en las identidades y reputaciones digitales, o quizá no, el tiempo dirá, porque la red, deja huella de todo, ¡no lo olviden!


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